El verano es una etapa crítica para el olivar. Aunque el olivo es un árbol rústico y adaptado al clima mediterráneo, las olas de calor intensas y prolongadas pueden generar efectos importantes en su desarrollo, su producción y su salud general. Esto es lo que ocurre cuando las temperaturas se disparan:
Estrés hídrico y cierre estomático
Cuando el termómetro supera los 35–38 °C, el olivo cierra sus estomas para evitar perder agua.
Esto reduce drásticamente:
- La fotosíntesis
- La creación de reservas
- El engorde del fruto
Menor crecimiento del fruto
El verano es momento clave para el llenado del hueso y el engorde de la aceituna.
Las altas temperaturas provocan:
- Retrasos en el crecimiento del fruto
- Menor tamaño final de la aceituna
- Posible caída prematura en casos extremos
Esto se traduce directamente en menos rendimiento y menor calidad de cosecha.
Riesgo de quemaduras en hojas y frutos
Con temperaturas por encima de los 40 °C, especialmente si coinciden con viento caliente y baja humedad:
- Las hojas pueden necrosarse por los bordes
- Se producen quemaduras en la piel de la aceituna
- Aumentan las probabilidades de caída de hojas y estrés general

Impacto en la acumulación de aceite
El proceso de acumulación de aceite en el fruto ocurre principalmente a finales de verano.
Las altas temperaturas afectan:
- La síntesis lipídica, reduciendo la cantidad final de aceite
- La calidad, pudiendo alterar el perfil de ácidos grasos y los compuestos aromáticos
Mayor demanda de riego (si está disponible)
Los olivares de regadío pueden sufrir menos, pero la demanda de agua aumenta notablemente.
Un riego insuficiente durante picos de calor provoca:
- Estrés por déficit hídrico
- Pérdida de hojas
- Reducción de la floración y la producción del año siguiente
Aumento de plagas y enfermedades
- El calor favorece ciertas plagas como:
- Prays en su tercera generación
- Mosca del olivo cuando el fruto está blando
- Incremento de ácaros en situaciones secas y calurosas
También puede debilitar al árbol, haciéndolo más vulnerable a enfermedades secundarias.
¿Qué pueden hacer los agricultores?
- Mantener una programación eficiente del riego (si lo hay)
- Evitar labores que aumenten el estrés (poda tardía, laboreo profundo)
- Proteger el suelo con cubiertas vegetales o restos de poda
- Monitorizar plagas que se disparan con el calor
- Aplicar estrategias de manejo sostenible para mejorar la resiliencia del olivar
El olivo es resistente, pero no invencible. Las altas temperaturas del verano, especialmente las olas de calor intensas, afectan directamente a la productividad, calidad del aceite y salud del arbolado. Un manejo adecuado y preventivo es clave para minimizar daños y garantizar cosechas estables en un contexto de clima cada vez más extremo.
